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lunes, 23 de noviembre de 2015

Presentación de EL CABALLERO DEL ALBA en Valencia

Con motivo de la reedición de El caballero del alba por Ediciones B, hemos preparado un evento para el uno de diciembre en Valencia. Aprovecharemos para repasar el estado de la novela histórica medieval y para hablar de los temas que toca la obra, como la lucha entre religiones, las grandes batallas de la Reconquista, el género de aventuras... Como maestro de ceremonias oficiará el insigne y herético Toni Zarza, admirador de Dream Theater y devorador de millas.

Os esperamos en Wayco, calle Gobernador Viejo 29, Valencia. 19:00 del 01/12/2015. Organiza Bibliocafé


jueves, 5 de noviembre de 2015

El ejército de Dios en VIAJANDO ENTRE PÁGINAS

«Esta novela por lo visto forma parte de una trilogía y es la continuación de La loba de al-Ándalus, que si lo llego a saber me leo la anterior primero, porque ésta me ha parecido impresionante. La narración de hechos históricos está documentadísima aunque, como ocurre en todas las novelas por muy históricas que sean, el autor siempre se toma alguna licencia por aquello de que la trama fluya mejor…»




sábado, 17 de octubre de 2015

Entrevista en JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.


HOY NOS PRESENTA SU OBRA… Sebastián Roa.




lunes, 5 de octubre de 2015

Excesos y defectos

Son varias las ocasiones en las que he vivido la escena. Alguien toma la novela entre sus manos, la sopesa, arruga la nariz, finge que se le cae pero la recoge al vuelo, risita floja, curl de bíceps... «Podrías escribir libros más cortos, ¿eh?», dice. 

Otras cosas que he oído: «No es necesario escribir mil páginas para crear una buena novela». Y es cierto. Aunque también lo es que la única cosa mejor que un bombón son dos bombones. Bueno, los hay que se empachan enseguida, qué le vamos a hacer. También hay gente que se come las fresas sin nata, aunque no pretenda que todo el mundo haga lo mismo. 

¿Más? He hablado con gente que leía a un nivel. A dos. Que no llegaba al tercero. Y claro, todo lo correspondiente a dicho nivel le sobraba. ¿Para qué hablar de simbolismos, paralelismos, profundidades psicológicas o introspección? Ejemplo sencillo aplicable a la ficción histórica: cuando pregunto de qué va Braveheart, la mayor parte de la gente contesta que va de las guerras de independencia escocesas. Algunos pocos dicen que va de una venganza. Y casi nadie suele responder que Braveheart va de la libertad. Y para entrenernos con guerras medievales no se usan los mismos argumentos que para hablar de la venganza o para reflexionar sobre la libertad. ¿Me explico?

¿Más cosas que he oído? Una vez alguien me preguntó por qué las novelas históricas son tan largas. Sospechaba de un requerimiento editorial estándar. Me mostró varios ejemplos de obras que se acercan o incluso superan las mil páginas. Lo cierto es que las hay, sí. Pero también las hay de seiscientas, de trescientas... De menos aún. Hay relatos históricos, vaya. Y microrrelatos.





No existe un arquetipo. Hay novelas que miden y pesan lo justo, las hay sobrealimentadas, las hay escuálidas. Hay trilogías que suman 2.400 páginas y no dan respiro en ningún sentido. Hay obras de doscientas a las que les sobran cien o más. Esto no es una cuestión matemática. Es otra cosa. Y, cuando se hace bien, no depende solo de lo que uno quiera contar, sino de lo que muchos van a leer. Ahí cada lector es muy suyo: algunos sacan dos, tres o más lecturas de un mismo texto y, cuando lo acaban, descubren que habrían disfrutado de otras cien o doscientas páginas de esa historia maravillosa; otros, ante la misma novela, solo ven relleno grandilocuente. Qué le vamos a hacer: la serie de fogonazos en el Aces high de Iron Maiden puede dejarte tan a gusto como la singladura de casi un cuarto de hora, con sus cambios de ritmo y de rumbo, del The rime of the ancient mariner. Lo que provoca mi indiferencia —esto que conste— son las cuatro notas musicales que me notifican la llegada de un whatsapp. Y mira que el aviso cumple su función, ¿eh? Habrá que ver para qué sirve la ficción literaria: si para dar avisos de medio segundo o para provocar placer estético. Pues eso: que hay momentos para recrearse en los preliminares y otros para ir directo al empotramiento. Y, en fin, casi no voy a entrar en la cocina moderna, con esos platacos trapezoidales en cuyo centro se adivina un mancha de caramelo líquido deconstruido. A mí dame una buena paella, o haz como los asturianos y déjame en la mesa la cazuela con las fabes; el kiko adornado con medio electrón de perejil, mejor cómetelo tú.




Tampoco tengo claras las presuntas implicaciones editoriales. Es verdad que existe el best seller de playa, ese que lee la gente que no lee. La gente que, contra lo que muchos grandes lectores piensan, son los que realmente sustentan el negocio porque, por desgracia, son mayoría. Hablo del consumidor que compra dos libros al año en el Carrefour, uno la semana antes de irse de vacaciones y otro para regalar en Navidad al cuñado friki. Para ciertos de esos «lectores» puede valer el argumento: ya que te pones, pues que te dure el libro todo el mes que vas a pasar en Benidorm, ¿no? Otras veces no cuela porque la gente que no lee, en realidad, huye de los tochos; y también huyen de ellos muchos de los que leen con cierta regularidad. Comprobado. Nada: las implicaciones editoriales tienen más que ver con la potencia empresarial, las promociones hinchadas, las redes de contactos y la capacidad de meter expositores en los escaparates. El mundo editorial es una colección de burbujas gaseosas, unas gordísimas y otras diminutas. Pero el tamaño de esas burbujas no está directamente relacionado con el grosor de las obras que contienen. De hecho, las editoriales saben que un libro medio (alrededor de trescientas o cuatrocientas páginas) se vende siempre mejor que una novela masiva y posee una relación más atractiva entre coste y beneficio. 

Ya lo he dicho antes: hay novelas que pesan lo justo. Y lo justo puede darse en mil o en cincuenta páginas porque cada historia necesita su extensión. Ni un gramo de papel más, pero tampoco uno menos. Pensar que la longitud de una novela está reñida con la sencillez supone afirmar que no puede darse lo excesivo en un relato corto. No es cierto: he leído opúsculos de cuatro páginas que eran mejores cuando su autor no los había escrito. También es un error establecer una relación directa y exclusiva entre el volumen de la novela y la pompa. ¿O acaso no se puede alardear de sencillez? Ah, la vanidad. Hay autores pedantes que vuelcan todos sus conocimientos y desbordan la trama porque, más que contar una historia, necesitan que el lector admire su enciclopédico saber o su extenso vocabulario. Pero otros, no menos dados al alarde, quieren que se aplauda su habilidad para comprimir la riqueza expresiva. Así, pierden con su vanidad lo que habían ganado con su sencillez. Porque alardear de lo mucho que transmite uno con lo poco que escribe es como desengancharse de la heroína y celebrarlo con un pico de gramo y medio.

jueves, 1 de octubre de 2015

El ejército de Dios en EL PLACER DE LA LECTURA

«Roa sitúa el comienzo de la acción en el punto en que finaliza su anterior novela, La Loba de Al-Andalus, es decir, en el estado de cosas que queda la península ibérica tras invasión de los almohades y destrucción del reino andalusí, por un parte, y por otra la muerte de Alfonso VII, el emperador, que en un momento de ofuscación dividió el reino entre sus hijos, sembrando un panorama de discordia, desunión y debilitamiento generalizado en el mundo cristiano de finales del siglo XII...»



miércoles, 30 de septiembre de 2015

El caballero del alba, de Ediciones B

Siete años después de su publicación, Ediciones B recupera mi primera novela histórica, El caballero del alba. Se trata de una obra de aventuras enmarcada en los albores del siglo XIII. Toma como base y rinde homenaje a una de las leyendas españolas más hermosas: Los amantes de Teruel.

El caballero del alba habla de amores imposibles, triángulos tumultuosos, aventuras fronterizas, persecuciones religiosas, viajes iniciáticos... Temas que, unidos o por separado, han recibido amplio tratamiento, tanto por la poesía como por el teatro o por otras manifestaciones artísticas. Célebres son los ecos que despiertan obras como Romeo y Julieta o el Decamerón; sorprendentes resultan hechos históricos y documentados, como la relación entre Abelardo y Eloísa o el affaire granadino entre Hafsa ar-Rakuniyya, Abú Yaffar y Utmán. Salvando todas las distancias, que las hay, El caballero del alba llegó para dedicar por fin a Isabel y Diego la que, sin duda, constituye la manifestación literaria más apropiada en nuestro tiempo: la novela.



Año de Nuestro Señor de 1217. En la oscuridad de una lóbrega mazmorra de la Valencia almohade, un joven desgrana la crónica de sus últimos cinco años de aventura.

Diego de Marcilla, heredero de la tradición guerrera aragonesa, halla en su Teruel natal un amor puro que choca con las ambiciones de don Pedro de Segura, el padre de su enamorada, Isabel. Obligado a abandonar su ciudad, Diego parte con el ejército de Pedro II en una odisea que lo arrastrará a luchar en las tomas de Malagón o Calatrava, y en las batallas de Las Navas de Tolosa y Muret. Diego surcará el peligroso Mediterráneo, plagado de corsarios, hasta Tierra Santa, donde afrontará las intrigas palaciegas y la omnipresente amenaza sarracena.

En octubre de 2015, con Ediciones B.

jueves, 10 de septiembre de 2015

II Taller Narrativa Histórica «Escribe la Historia»

El siete de octubre empieza este taller de novela histórica en Valencia. Lo pasaremos bien y aprenderemos en once sesiones hasta mediados de diciembre.

II Taller Narrativa Histórica «Escribe la Historia»




Sesión 1: Introducción a la novela histórica (Santiago Posteguillo) – 07/10/15

Sesión 2: La contextualización histórica (Gabriel Castelló) – 14/10/15

Sesión 3: Documentándose (Sebastián Roa)- 21/10/14

Sesión 4: Construcción de personajes reales y ficticios (Gabriel Castelló) – 28/10/15

Sesión 5: El andamio de la ficción: tramas y subtramas (Sebastián Roa) – 04/11/15

Sesión 6: Descripciones basadas en los hechos y lugares históricos (Gabriel Castelló) – 11/11/15

Sesión 7: Cómo construir diálogos amenos y verosímiles (Sebastián Roa)- 18/11/15

Sesión 8: Cómo evitar los principales errores en una novela histórica (Gabriel Castelló) – 25/11/15

Sesión 9: Estilo, Voz y Ritmo narrativo (Sebastián Roa) – 02/12/15

Sesión 10: Cómo publicar tu novela (Mauro Guillén) – 09/12/15

Sesión 11 Extra: Encuentro con Antonio Penadés – 16/12/15



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viernes, 4 de septiembre de 2015

Entrevista en EL GATO TROTERO

«Adolecemos de una enorme tendencia a abandonar la reflexión, prestar oídos a salvapatrias y dar rienda suelta a emociones primarias. Así, cometemos los mismos errores generación tras generación. Y si algún iluminado nos convence de que nuestro dios ha de prevalecer sobre los otros, de que nuestra nación es diferente y mejor o de que nuestra raza es superior, tenderemos a recrearnos en la sublime belleza de nuestro ombligo y caeremos en la vieja trampa. Los griegos tenían razón: todo este rollo es cíclico».



miércoles, 2 de septiembre de 2015

La loba de al-Ándalus en ÁREALIBROS

«A todo ello responde ‘La loba de Al Ándalus’, que -como decíamos- nos lleva a la taifa de Xarq al-Ándalus, creada por Muhammad ibn Mardanish, una de las grandes figuras de su tiempo. La novela narra las grandes hazañas de este mandatario, que extendió sus dominios desde Murcia hasta Sevilla e incluso llegó a conquistar temporalmente Granada, poniendo en serio peligro el control almohade de la zona».




martes, 1 de septiembre de 2015

El ejército de Dios en EL GATO TROTERO

«El ejército de Dios, de Sebastián Roa, es una gran novela histórica que conjuga a la perfección todos los elementos clásicos del género, que supone el pilar central de una trilogía iniciada con La loba de Al-Ándalus, y que deslumbrará a los amantes de lo histórico y a los neófitos al narrar una época apenas transitada por los historiadores pero que es vital para llegar a comprender y entender nuestro presente».




viernes, 14 de agosto de 2015

El ejército de Dios en PALABRAS QUE HABLAN DE HISTORIA

A finales del siglo XII, el solar hispano es un enorme y desolador campo de batalla. Distintos reinos, diferentes culturas, religiones encontradas, luchan una y otra vez para someter al pueblo vecino. Una pugna que llevará a cometer traiciones, asesinatos, pero también serán momentos en los que se vivirán actos heroicos y gestos inmortales. 

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lunes, 10 de agosto de 2015

domingo, 9 de agosto de 2015

El ejército de Dios en HISTORIA O LEYENDA

«Desde la primera página hasta el final de la novela, Sebastian Roa, el autor, hace un despliegue magnífico de intrigas, relaciones personales, maniobras en la sombra que no tiene nada que envidiar a “Juego de tronos”; es más, mucho mejor porque forma parte real de nuestra historia».







sábado, 25 de julio de 2015

Entrevista para CEU

«Se ha canonizado mucho sobre cómo tiene que ser una novela histórica, sobre cuánto tiene que respetar la historia, y en ese trayecto hemos olvidado un poco los auténticos pilares de la novela, que son la trama y los personajes».

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lunes, 6 de julio de 2015

Presentaciones en L'Iber

Mis últimas actividades relacionadas con los libros han tenido lugar, cómo no, en L'Iber, el museo de los soldaditos de plomo. Han sido tres presentaciones. Tres obras y tres formatos diferentes.


El legado de Jaime I el Conquistador, un ensayo divulgativo de Cristina Durán y David Barreras. Obra que conjuga el entretenimiento y la capacidad didáctica. Repasa la actividad de los reyes de Aragón que impulsaron el dominio mediterráneo.

De izquierda a derecha: Alejandro Noguera, director del museo; David Barreras, coautor de la obra; y un servidor.


Retales del pasado, antología de relatos históricos. 19 paseos por distintas épocas. Estilos, enfoques y temas diferentes, pero un solo objetivo: que los beneficios de los autores reviertan en un fin solidario.

De izquierda a derecha: Javier Pellicer, ,uno de los autores de la antología; Alejandro Noguera, director del museo; un servidor, que también ha puesto su granito de arena en la antología; y Marta Querol, que presentó la obra y dirigió el debate posterior.

Barbarus, la conquista de Roma. Novela que narra las peripecias vitales de dos niños godos en el limes imperial y en su viaje hacia la capital del mundo. Y, mucho más allá, la reflexión sobre asuntos de sangrante actualidad


De izquierda a derecha: Alejandro Noguera, director del museo; Santiago Castellanos, autor de la novela; y un servidor.
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lunes, 29 de junio de 2015

Yo no toqué la teta de Julieta


La pobre Julieta en el jardín de su casa. Verona
  

—Tienes que tocarle la teta a Julieta.
No una teta, no. Ni las dos. La teta. Estaba claro cuál de ellas. Por eso, aquella tarde veronesa, nadie en la cola preguntaba qué teta era la que había que tocar. Simplemente, cuando a cada uno le llegaba el turno, sometía a la pobre estatua al tradicional e impúdico sobe, y siempre acertaba. 
Se sabe cuál es la teta en cuestión porque está desgastada tras miles, cientos de miles, seguramente millones de magreos in the name of love. La tradición turística, claro. Además, se supone que acariciar el breve y redondo seno te traerá suerte en el amor.
—No —dije.
—¿Cómo que no? Tienes que tocársela. 
Y sí que se la tocaban, sí. Hombres y mujeres. Se hacían fotos con la teta en la mano y todo.
—Que no le toco la teta.
—¿Pero por qué?
—Pues por respeto a Romeo, claro.



Cartas a Julieta. Casa de Julieta, Verona


Y no me digáis que Romeo no existió. Y tampoco Julieta. Que se trata de una ficción. El invento de un inglés, o su adaptación. Lo que sea. Me da igual, porque solo hay que mirar tras esa estatua para ver lo ficticia que es Julieta. Las cartas que le escriben a ella, a Julieta, se amontonan en la pared. Más tradición, o más superstición. Total, ¿para qué? Si al fin y al cabo, ni Romeo ni Julieta existieron.


Hace un tiempo leí algo genial. Lo había escrito un amigo, Eduardo Segura, y decía tal que así:
«La modernidad ha heredado una noción falseada de la fantasía, como capacidad de la imaginación meramente aleatoria —como simple combinación de imágenes sin su correspondiente “real” en el mundo sensible—, de suerte que el resultado artístico de esa potencia interior no es objeto de conocimiento verdadero (epistéme), sino tan solo, y en el mejor de los casos, entretenimiento en el sentido peyorativo»*.

Otras veces he hablado de la capacidad de ficcionar del autor de novela histórica, y también de las consecuencias de hacerlo**. Nunca habrá suficiente de esa reivindicación, porque lo cierto es que muchos críticos se empeñan en juzgar el género según el rasero de «su» realidad. Que es la realidad histórica, se entiende. No comprenden, porque ni siquiera se han parado a pensarlo, que toda ficción literaria se convierte en realidad. Y que esa realidad lo es en sí misma, y no dependiendo de los hechos históricos que algunos lectores deseen ver reflejados en ella. Cuando un lector de ensayos históricos se engaña y pretende encontrar en la novela histórica lo que debería buscar en otro sitio, choca contra esa pared transparente que para él es opaca o, como mucho, traslúcida. Se llama ficción literaria, y a través de ella también se ve la realidad. Si uno quiere, claro. Porque no hay peor ciego que el que no quiere ver.




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* «Dialécticas de la modernidad: “Fairy Tale” vs. “Flact Fact” en Inteligencia Artificial». en 29 miradas sobre Spielberg, El buho de Minerva, 2014.

Balcón de Julieta. Verona

domingo, 28 de junio de 2015

El ejército de Dios en BOURBON STREET

«Alianzas, traiciones y pasiones se mezclan entre sí, dándonos la impresión de estar asistiendo a una trama ideada con la finalidad de entretener con su ficción; pero eso queda lejos en esta novela, donde la realidad de los acontecimientos y el rigor histórico, salvo los necesarios por el autor para novelar, la convierten en una lectura imprescindible para los buenos seguidores del género, y para aquellos que quieran tener entre sus manos algo más que una novela histórica.»

Leer más. 


miércoles, 17 de junio de 2015

El ejército de Dios en LEER, EL REMEDIO DEL ALMA

«Esta novela tenía dos ingredientes que me desaconsejaban su lectura: muy buenas críticas en todos los foros y un elevado número de páginas (casi 900 ). El que haya unanimidad sobre una novela en cuanto a críticas me hace sospechar de un buen marketing que no siempre es reflejo de una buena calidad. Por otro lado la mayoría de las novelas demasiado extensas suelen serlo innecesariamente; muy pocas historias precisan de tanta página para ser bien contadas...»






miércoles, 10 de junio de 2015

74ª Feria del Libro de Madrid

El ejército de Dios, junto a lobas, venganzas, caballeros y hasta un Casus Belli, se dejaron ver por la Feria del Libro de Madrid. Jornada excepcional con firmas mañaneras en la casete de Ediciones B, y reunión vespertina con blogueros y aficionados a la novela histórica.


lunes, 11 de mayo de 2015

El ejército de Dios en Calatayud y en Tarazona

9 y 10 de mayo. Cita en el club de lectura Huestes del Sobrarbe, de Calatayud. Con el habitual despliegue de hospitalidad bilbilitana. Buena charla, buena comida y buen paseo hasta el Castillo Mayor. Calatayud es cita obligada. Lo vale la ciudad, pero lo vale, sobre todo, la gente.



Y a continuación, a Tarazona para su II Feria del Libro, organizada por la Asociación Aragonesa de Escritores. Presentación de El ejército de Dios a cargo de José Luis Corral, y estupendas tertulias literarias, políticas y de todo lo que se terció.



jueves, 30 de abril de 2015

El ejército de Dios en LA HISTORIA EN MIS LIBROS

«Nos hallamos en el siglo XII. España está dividida en varios reinos cristianos y sólo uno musulmán. Las continuas luchas y rencillas entre los reinos cristianos hacen que peleen entre ellos debilitándose así ante el gran enemigo. Los almohades se han hecho con al-Ándalus eliminando a los andalusíes y a otros musulmanes a los que consideraban inferiores. Su fuerza y su rabia es fortalecida por un islam riguroso que destruye todos los placeres humanos, prohíbe de la música, las imágenes, las esculturas, el vino, y vela y recluye a las mujeres…»



lunes, 27 de abril de 2015

Entrevista en TODOLITERATURA

"El reto de sobrevivir a una invasión aplastante, con el degüello o la esclavitud como amenazas cercanas, obliga a los personajes a actuar hasta las últimas consecuencias. Es el escenario ideal para desarrollar un drama y para explorar personajes..."

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domingo, 26 de abril de 2015

El ejército de Dios en la revista chilena El Longino

"El inicio de la novela con una cita de Cicerón y posteriormente una aclaración del autor, son simplemente el aperitivo, un entremés para todo el mundo de guerra, amoríos, Urraca y una variada gama de acontecimientos..."

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domingo, 19 de abril de 2015

El concepto de novela histórica

  
Como soy un poco masoca, a veces vuelvo al tema, qué se le va a hacer.

Hace un tiempo pasaba sobre los límites temporales de la novela histórica, y más recientemente lo hice sobre los peligros de la novela histórica. Eran reflexiones que contenían lo esencial del problema: el propio concepto de novela histórica. Aquí están los enlaces:



La novela histórica, eso está más que dicho, es pura contradicción. O no. A lo mejor es que nos hemos tomado tan en serio eso de «histórica» que nos hemos confundido. Conforme pasa el tiempo, entre un sector de los lectores cuaja una idea que se sale por la tangente y trata de variar la naturaleza de la novela histórica. Porque sí: la novela histórica tiene una naturaleza que trasciende a su propio nombre o, para ser más exacto, a su propio adjetivo. Que digo yo que si las patatas no me gustan pero me encantan las zanahorias, de poco sirve cortar las patatas en forma de zanahoria y pintarlas de naranja. Lo mejor será comprar directamente zanahorias, ¿no?

Demasiada cháchara. Volvamos a la naturaleza de la novela histórica. Analicemos qué es y veamos que, como siempre, hemos caído en la tan humana manía de complicarnos la vida. Esto dice nuestra Real Academia acerca de la novela:



«Narra una acción fingida en todo o en parte». Deberíamos preguntarnos si esto varía cuando al sustantivo «novela» le añadimos un adjetivo. Volvamos a la RAE:



Épocas pasadas. Este es el asunto clave. La verdad es que así, sin más, la definición no llega a solventar el problema de los límites temporales. Aunque nos podría servir al menos para descartar: 



Podríamos concluir que la única época que no cabe en el género sería la actual. Otra cosa sería definir esta. Pero aparte la ambigüedad, vemos que solo hay un requisito exigible a una novela para que sea histórica: que su acción (una «acción fingida», recordémoslo) se desarrolle en épocas pasadas. Ni siquiera nos obliga el concepto a escoger a personales reales para ello. También pueden ser ficticios.

Ah, la ficción. La acción fingida. Concretemos esto también, porque es más importante de lo que parece:



Claro ya el concepto de ficción, pregunto: ¿se exige que la ficción se modere en la novela histórica? ¿Se ordena su preceptiva convivencia con la no ficción, es decir, con la realidad? Pues yo no lo veo, salvedad hecha de la época, que ha de pertenecer al pasado. Retrocedamos y leamos: «acción fingida en todo o en parte». Lo que veo es que al autor se le da libertad para fingir tanto en la acción como en los personajes, y hasta el punto que desee. Puede que un 5% de la obra sea ficción y el resto no. Pero también puede que la ficción ocupe el 100% de la novela. Mientras dicha acción se sitúe en una época pasada, ambas novelas serán históricas. Más: puede que solo uno de los veinte personajes pergeñados por el autor sea real. Puede que no lo sea ninguno. Puede que lo sean los veinte. Ninguna de las tres variedades es incompatible con la novela histórica.

Veamos ahora cómo se ha desvirtuado el asunto en los últimos tiempos. Qué diversos argumentos han dado lugar a una variedad de subgéneros, todos ellos muy respetables, pero que no se corresponden con la naturaleza ideal de la novela histórica. Estos argumentos han sufrido una evolución de tipo irreversible y algo amnésica, diría yo. De posibilidades que eran en un principio, han llegado a convertirse en requisitos. En condiciones sine qua non que dan lugar a esos manidos peligros de la novela histórica. Causas, en fin, que han llevado a que muchos lectores huyan del género como de la peste, porque tanta exigencia ha dado como resultado la subversión radical del alma literaria. Y es que no puede dejar uno que te tomen la mano, porque se te quedan con el brazo entero. Pero vamos con esas desviaciones enquistadas:

Rigor histórico. Probablemente el requisito más exigido. Reconozco que incluso yo lo llegué a creer en él en el pasado. Una novela histórica, según esta condición, ha de ser totalmente fiel a los hechos.
Pero, como hemos visto, la acción de la novela, en puridad, puede ser fingida incluso por completo. Así que esta exigencia se convierte en una cortapisa para la libertad creadora. Para la imaginación. Para la ficción. Puede haber (hay) obras muy buenas en las que el rigor histórico es total, pero esta no es causa para considerar a dichas obras mejores, sin más, que aquellas que, dentro del género, rebajan el rigor histórico o prescinden de él. Por el contrario, muchas novelas históricas «rigurosas» se pasan por el forro esta otra parte de la definición RAE:
«… y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones, de costumbres».

La ficción solo puede cubrir lagunas. Otra aseveración extendida. Los hechos han de reflejarse tales cuales fueron según los testimonios que queden de ellos. Solo en aquellos casos en los que no hay nada documentado, puede el novelista ficcionar.
Como en el caso anterior, recordemos que la ficción no conoce límites en novela. Rellenar lagunas no puede hacerse sin ficcionar, pero a veces olvidamos que inventar sobre lo desconocido y mentir sobre lo conocido tienen la misma base: la ignorancia de la verdad. Si se ha de ser fiel al hecho histórico, rellenar una laguna —incluso optar por una opción entre varias plausibles— rompe nuestra propia norma.  

Inadecuación de la terminología. El purista busca la interdicción de «neologismos» con respecto al momento histórico novelado. Hay palabras que usamos en el presente pero que no deben usarse en el texto narrativo porque no son propias de la época.
Se trata de una exigencia innovadora. Una vuelta de tuerca a ese rigor histórico que resulta prácticamente inviable, ya que nos lleva no solo a supeditar la calidad literaria a ese rigor (recordemos que la literatura es un arte que emplea la lengua como método de expresión), sino a subvertir nuestro propio idioma y, en casos extremos, incluso a prescindir de él. En realidad, el único requisito en cuanto al código es la inexcusable necesidad de causar placer estético: el lenguaje a usar depende, solo y de forma exclusiva, de ese fin.

En novela histórica, los personajes han de ser históricos aunque participen en hechos imaginarios. O viceversa: si hay personajes imaginarios, deben al menos participar en hechos históricos. Viene a ser un nuevo límite a la ficción, porque el purista entiende que el rigor histórico es preceptivo, al menos hasta cierto punto.
Pero ya lo hemos visto: acción fingida «en todo o en parte» y personajes «reales o ficticios». Los personajes y hechos históricos tienen perfecta cabida en la novela histórica, aunque ni unos ni otros son obligatorios, juntos o por separado.

Se permiten las licencias históricas, aunque con un límite. Los partidarios de las licencias admiten (aunque no sean conscientes de ello) que la sumisión al rigor histórico puede entrar en contradicción con el placer estético. Por ello ven bien que el autor se tome ciertas licencias, aunque estas no pueden afectar a hechos históricos esenciales.
En realidad, los conceptos de ficción y licencia se contraponen. El autor está facultado para ficcionar la totalidad de la obra y para valerse de personajes ficticios por completo. Una licencia es una infracción a las normas ante la que, entendámonos, se hace la vista gorda. Pero en novela histórica, ficcionar sobre hechos y personajes no solo no rompe las normas: las consagra. Por eso es impropio hablar de licencias en este género.


Habrá otras, pero estas son las más conocidas de las normas «sobrevenidas» que los puristas imponen a los novelistas históricos, y que muchos de estos han aceptado e incluso impulsado, pues al fin y al cabo son también lectores. Algunos autores, por cierto, cegados por esta apisonadora que tanto polvo levanta, han contribuido a «degenerar el género» hasta convertirlo en una forma bastarda de novela. Una literatura de segunda a los que muchos lectores normales no se atreven ni a asomarse porque asumen un estereotipo: los pobres novelistas históricos, constreñidos en su capacidad de ficcionar y reprimida su habilidad para provocar placer estético, se han convertido en fabricantes de ladrillos. Lo malo de este estereotipo es que muchas veces acierta.












Desde luego, al césar lo que es del césar. No dudo de que haya autores que sigan estas normas sobrevenidas (o las adapten a su gusto) y creen magníficas obras, en nada parecidas a ladrillos. Es decir: que seguramente serán capaces de producir placer estético en el lector, que es lo adecuado. Habrá otros autores con resultados más modestos, pero que lleguen a SU público porque SU público, en realidad, no necesita leer novelas, sino otras cosas. Esto último me parece también respetable por aquello de que para gustos, colores. Aunque este color, desde luego, no es el color de la novela histórica. Pero lo que cuenta es que al final hay tantos modelos de obra posibles como lectores. Con lo que no comulgo tanto es con la corriente de imponer estos modelos rigoristas y exigirlos como imprescindibles en «la auténtica y primigenia novela histórica»; y realmente no me gustan los reproches para quienes no pasan por ese aro que, repito, condena al género al ostracismo desde una buena parte de la población lectora. Y como para perder lectores estamos.


martes, 14 de abril de 2015

Entrevista en VUELO DE CUERVOS

«La novela histórica también es, ante todo, ficción. Las dos columnas básicas que sostienen una novela son las mismas en todos los géneros: trama y personajes. Un error muy extendido es que en narrativa histórica se prescinde, siquiera parcialmente, de alguna de estas dos columnas, normalmente porque el argumento y los protagonistas —eso dicen quienes menosprecian el género— no dependen de la imaginación del autor o de su habilidad para manejar libremente el pulso narrativo. Si lo piensas bien, la única diferencia es el contexto temporal.»






lunes, 13 de abril de 2015

El ejército de Dios en QUÉ LEER




El ejército de Dios en LOS CAMINOS DE LOS LIBROS

«Al igual que sucediera en la novela anterior (La loba de al-Ándalus), la mujer tiene un papel fundamental. Ellas propiciarán situaciones de paz y guerra que influirán en muchas de las decisiones que toman los altos mandos. El caso más llamativo es el de Urraca, un personaje que no va a batallar en el campo pero que sí va a presentar altibajos en su carácter llamativos, los cuales van a afectar a los personajes de los que menos sospecharías. Se convierte, a mi juicio, en alguien importante y muy rica como personaje.»





El ejército de Dios en TODO LITERATURA

«Un auténtico viaje a la Edad Media. Una historia sobre reinos en lucha, con tramas de pasión, intriga, guerra y ambición que se entrecruzan de manera magistral para constituir una formidable representación de una época decisiva en la historia de España.» 




jueves, 9 de abril de 2015

El ejército de Dios en VIAJES DE PRIMERA

"Leer novela histórica, buena, como ésta, amplía la perspectiva para, saltando los siglos, comprender que algunas piedras siguen en medio de nuestro camino: el egoísmo político, la falta de solidaridad territorial y el ‘ombliguismo’ anónimo siguen condicionando nuestra realidad nacional."




martes, 7 de abril de 2015

Entrevista en MAKMA

Sebastián Roa lleva esta última década sumergido en el pasado, concretamente en tiempos de la Reconquista, que describe con lujo de detalles y documentación en dos novelas: La loba de al-Ándalus y El Ejército de Dios (ambas en Ediciones B), recientemente aparecida. Ahora trabaja en la última parte de su trilogía sobre la invasión almohade, pues “es urgente repasar el fanatismo que ya nos asoló una vez”, opina. “Esta época me fascina porque una vez te asomas a ella, es imposible resistirte a su encanto. La Edad Media dura mil años, y está llena de matices y detalles inéditos, atractivos y muy novelescos”...

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domingo, 29 de marzo de 2015


El 21 de abril, El ejército de Dios estará en el Club de Lectura CEU


El enlace, aquí


Presentaciones de El ejército de Dios en Valencia

El bautismo de El ejército de Dios tuvo lugar en L'Iber, museo de los soldaditos de plomo, el 12 de marzo de 2015. Lucía Luengo, Alejandro Noguera Santiago Posteguillo me acompañaron en la presentación, y las mesnadas de El mercader de Valencia y Aliger Ferrum montaron guardia para vigillar que todo saliera como estaba previsto. Y salió, salió.

Fotos de Pilar Albelda

El 27 de marzo, pasado el intermedio fallero, hubo presentación-tertulia en Wayco-Bibliocafé, conducida por Antonio Penadés y presentada por José Luis Rodríguez. Gran participación del público y ambiente distentido. Y temas tangenciales de los que charlamos con amplitud: erotismo en la literatura, rigor histórico versus carga dramática, conquista y reconquista, fanatismos antiguos y modernos...

Fotos de Sergio Aguilar y José Luis Rodríguez